Sherry Festival en Viavélez

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MIÉRCOLES 9 DE ABRIL A LAS 21.00 H

Sherry Festival

 

EL MENÚ

Gazpacho de manzana, sardinas y espárragos

Mejillón tigre que se come la cáscara

Bogavante a la Americana

Carrillera de ternera guisada con crema de patata

Torrija caramelizada con helado de leche

42,00  EUROS IVA INCLUIDO

NO INCLUYE: Aperitivos, licores ,combinados o espirituosos

 

LOS VINOS

BODEGASTRADICIÓN

FINO TRADICIÓN

AMONTILLADO TRADICIÓN

OLOROSO TRADICIÓN

PALO CORTADO TRADICIÓN

PEDRO XIMÉNEZ TRADICIÓN

 

 

 

El carácter genuino del vino de Jerez, su propia identidad, no es solamente el resultado de un origen geográfico determinado, por más excepcionales que sean las condiciones naturales que confluyen en el Marco de Jerez. Durante 3.000 años, las distintas circunstancias históricas han ido moldeando la identidad de estos vinos, del mismo modo que el vino en sí, su producción, su comercio y su disfrute, han supuesto un factor determinante en la historia de esta región y en la identidad cultural de sus habitantes.Los vinos de Jerez son el resultado de la impronta dejada en esta tierra por culturas muy diversas y, a veces, de orígenes muy lejanos. Civilizaciones distintas que, seducidas por esta tierra, han ido sedimentando su aportación a un producto que es, por encima de todo, cultural.Conocer la historia es fundamental para entender adecuadamente toda la genuina personalidad de los vinos de Jerez. Porque la historia del Marco de Jerez es la historia de sus vinos..

El vino en la antigüedad

Las primeras noticias del vino de Jerez nos las proporciona Estrabón, geógrafo griego del siglo I a.C., quien en su libro Geografía (Libro III) escribía que las vides jerezanas fueron traídas a la región por los fenicios alrededor del año 1100 a.C. Los yacimientos arqueológicos de origen fenicio del Castillo de Doña Blanca, situados a 4 kms. de Jerez y en los que se han descubierto varios lagares para la elaboración de vino, confirman que fueron los mismos fundadores de la antigua Gades (Cádiz) los que trajeron hasta nuestras tierras el arte de cultivar la vid y elaborar el vino, desde las lejanas tierras del actual Líbano.

Desde Xera, nombre que dieron los fenicios a la región donde hoy se ubica Jerez, este pueblo de comerciantes producía vinos que luego eran distribuidos por todo el Mediterráneo, especialmente en Roma. Así, ya desde sus más remotos orígenes el vino de Jerez adquiere una de sus características más importantes y que ha marcado su identidad a lo largo de los siglos: la de ser un “vino viajero”.

Griegos y cartagineses también escribieron páginas importantes en la historia de la región, que hunde así sus raíces en lo más profundo de la cultura mediterránea, la cultura del vino y de la moderación.

Hacia el año 138 a.C. Escipión Emiliano pacificó la Bética, dando comienzo a la dominación romana, e iniciándose una corriente comercial muy importante de productos de esa región hacia la metrópoli. Los gaditanos vendían a Roma aceite de oliva, vino de la región de Ceret y garum, una especie de salsa escabeche. Ya por aquel entonces la fama del “Vinum Ceretensis” traspasaba nuestras fronteras y era apreciado no sólo en Roma, sino en otros muchos rincones del Imperio, como lo prueban numerosos restos arqueológicos, en forma de ánforas, las cuales se marcaban según su contenido por razones fiscales.

En los primeros años de nuestra, el gaditano Lucio Moderato Columela, recoge en su obra De Rústica lo que ha conformado durante siglos las bases del viñedo jerezano: los tipos de suelo y de vides, el emplazamiento de las viñas, las faenas que se le debían efectuar y en qué estación del año, la calidad del mosto resultante…

Los tiempos de Sherish

En el año 711 da comienzo la dominación árabe en España, que en el caso de Jerez habría de durar más de cinco siglos. Durante todo este tiempo, Jerez siguió siendo un importante centro de elaboración de vinos, a pesar de la prohibición coránica de consumo de bebidas alcohólicas. La producción de pasas y la obtención de alcohol con distintos fines (perfumes, ungüentos…) y el uso del vino con fines medicinales actuaban en cierta forma como excusas para el mantenimiento del cultivo de la vid y de la elaboración de vino. De hecho, en el año 966 el Califa Alhaken II decidió, por razones religiosas, arrancar el viñedo jerezano. A este anuncio contestaron los jerezanos que las uvas se dedicaban a elaborar pasas para alimentar a las tropas en su Guerra Santa, lo cual era parcialmente cierto, y consiguieron que sólo se descepara un tercio del viñedo.

En todo caso, sabemos que, en determinados momentos de menor fundamentalismo religioso, el vino era ampliamente apreciado y consumido, especialmente en los círculos más elitistas de la sociedad de la época.

De 1150 data el mapa de la región diseñado por el geógrafo árabe Al Idrisi para el rey Roger II de Sicilia, que se conserva en la Bodleian Library de Oxford. Presenta este mapa la curiosidad de que está diseñado con el norte en la parte inferior y el sur en la superior. En el mismo puede apreciarse claramente el nombre que los árabes dieron a la ciudad de Jerez, y que no es otro que Sherish.

Este mapa fue la clave para resolver el primer pleito que los jerezanos mantuvieron contra el llamado “British Sherry” (1967), producto elaborado en el Reino Unido y que utilizaba indebidamente, como hoy ocurre aún en otras regiones vinícolas, uno de los nombres de nuestra Denominación de Origen. El mapa es la prueba de que el nombre “Sherry”, con el que son conocidos nuestros vinos en el mundo anglosajón, nos es sino una derivación del antiguo nombre árabe de la ciudad de Jerez.

El vino tras la reconquista

En 1264, el monarca castellano Alfonso X reconquista Jerez, que se convierte en frontera -de ahí su nombre cristiano: Xeres de la Frontera-, con el reino nazarí granadino. La ciudad vivió años de luchas encarnizadas, de espadas y de sangre, durante los cuales la repoblación de hombres y cultivos se haría indispensable. Había nacido el sentido premial de conquista, en virtud del cual la Corona repartía determinados lotes de tierra en base al prestigio social y a los méritos alcanzados. Plantíos legalmente obligatorios, la viña y el cereal, convertidos ya en nervios económicos y dietéticos de un territorio muy amado por el citado monarca alfonsí quien tuvo también su propio viñedo en la comarca jerezana. Fue precisamente, según cuenta la tradición, uno de los hombres más significativos de su hueste, Fernán Ibáñez Palomino, quién diera nombre al tipo de uvas que luego serían características de la zona: la uva palomino.

Para entonces, e incluso ya en el siglo XII, los vinos de Jerez eran comercializados y apreciados en Inglaterra, donde eran conocidos con el nombre árabe de la ciudad, “Sherish”. Sin embargo, nuestros vinos se popularizan en este país cuando Enrique I propuso a los jerezanos una operación de trueque, lana inglesa por vino de Jerez, al objeto de desarrollar las manufacturas nacionales. Las viñas de Jerez se convierten entonces en una fuente de riqueza para el Reino, de modo que Enrique III de Castilla, por una Real Provisión de 1402, prohíbe que se arranque una sola cepa, e incluso se llega a prohibir la instalación de colmenas cerca de las viñas para que las abejas no dañen el fruto.

La creciente demanda de vinos de Jerez por parte de comerciantes ingleses, franceses y flamencos, obliga al Cabildo de la ciudad a promulgar el 12 de Agosto de 1483 las Ordenanzas del gremio de la Pasa y la Vendimia del Jerez, primer Reglamento de nuestra Denominación de Origen, que regula los pormenores de la vendimia, las características de las “botas” (barricas), el sistema de crianza y los usos comerciales.

Por entonces, los otros dos enclaves -en este caso marítimos- de El Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda, que muchos siglos después iban a conformar el Marco del Jerez, ya tenían al vino como una de sus principales fuentes de riqueza. En el caso de El Puerto, las viñas llegaban cerca de Rota, mientras que en 1469 el sanluqueño Duque de Medinasidonia llegaba a confesar: “…considerando que esta mi villa no tenía otro heredamiento sino sus viñas, que tanta renta y servicio me dan…”.

Ordenanza del gremio de la pasa y la uva

El Jerez forma parte de las grandes expediciones marítimas tras el descubrimiento del Nuevo Mundo.

La edad moderna

Las ventas al exterior de los Vinos de Jerez vivieron un nuevo período de florecimiento después de la boda de Catalina de Aragón, la primogénita de los Reyes Católicos, con Arturo de Inglaterra, primero, y después con su hermano Enrique VIII. Catalina, mujer muy culta, sólo se quejaba de que “El Rey, mi marido, se guarda para sí los mejores vinos de Canarias y de Jerez”.

Pero el Vino de Jerez no se enviaba sólo a Europa. El descubrimiento de América iba a abrir nuevos mercados y con ellos un floreciente negocio. Era la época de los grandes viajes y los descubrimientos geográficos. Una serie de hitos históricos que fueron compartidos con vino de Jerez, como lo atestigua la compra de 417 odres y 253 toneles de vino de Jerez por parte de Magallanes para su largo viaje, que convirtió a nuestro vino en el primero en dar la vuelta al mundo (suponiendo que quedara algún resto cuando la Nao Victoria con Juan Sebastián Elcano volvió a Sanlúcar). Igualmente, se tiene constancia que estuvo presente en las celebraciones de las conquistas de nuevas tierras como la de Venezuela o la de Perú.

Mientras tanto, la Corona española vertebraba este Nuevo Mundo a través del puerto de Sevilla y de la “Casa de Contratación”, única institución facultada para la administración de las nuevas tierras y el comercio con las mismas. Esta coyuntura era del todo favorable para que los caldos jerezanos, tan cercanos a Sevilla, formaran parte esencial del abastecimiento de buques con destino a América. El vino contaba con el privilegio de la reserva de un tercio de la carga de los buques que comerciaban con América, lo que fue aprovechado por los cosecheros del Marco de Jerez; sobre todo a partir de 1680, cuando la cabecera de la flota pasó a Cádiz y desapareció el monopolio del Puerto de Sevilla sobre el comercio con las Indias.

Así, el comercio con las Indias transformó los pequeños negocios familiares en una auténtica y cosmopolita industria vinatera, a la que se sumaron numerosos inversores y comerciantes italianos que a lo largo del siglo XVI se instalaron en el Marco de Jerez, tales como Lila, Maldonado, Spínola, Conti, Colarte, Bozzano y Zarzana.

La venta de vino de Jerez en las Indias se veía frecuentemente entorpecida por la acción de piratas que se hacían con los cargamentos de la flota y los vendían en Londres. El botín más importante lo consiguió Sir Martin Frobisher, de la flota de Sir Francis Drake, que en 1587 atacó Cádiz, saqueó Jerez y se llevó consigo 3.000 botas de vino. La llegada de ese botín a Londres puso de moda el jerez entre la Corte Inglesa; la propia Reina Isabel I se lo recomienda al II Conde de Essex como el vino ideal. Ante el fuerte tirón del consumo del Jerez y lo limitado del suministro, el rey Jaime I decide dar ejemplo ordenando que de las Bodegas Reales sólo se suban a su mesa 12 galones de jerez (48 litros) … ¡al día!

De la popularidad del vino de Jerez en aquellos días dan una idea las obras de William Shakespeare, quién en compañía de su amigo Ben Johnson daba cuenta diariamente de una buena cantidad de botellas de vino de Jerez en la Bear Head Tavern. Y así nuestro vino aparece citado frecuentemente en muchas de sus obras: Ricardo III, Enrique VI, Las noches de Epifanía, Las Alegres Comadres de Windsor, Enrique I, etc. También Pascuil en su Apología (1619) proclamaba “todas las bebidas están gorra en mano en presencia del viejo Jerez”.

Las inversiones extrajeras jugaron un papel decisivo en el constitución de la moderna industria vinatera. Retrato de un inversor bodeguero de Jerez

Las inversiones extranjeras

La demanda del Jerez se dispara y los ingleses deciden hacerse con nuestro vino incluso de forma no pacífica. En 1625 Lord Wimbledom intenta de nuevo un ataque a Cádiz, pero sin éxito. Este fracaso llevó probablemente a los ingleses (y también a escoceses e irlandeses) a asegurarse el abastecimiento de Jerez por los usos habituales del comercio, estableciendo sus propios negocios en el Marco: Fitz-Gerald, O`Neale, Gordon, Garvey o Mackenzie son apellidos ingleses, irlandeses o escoceses que se establecen en la zona durante los siglos XVII y XVIII. Más adelante vendrían los Wisdom, Warter, Williams, Humbert o Sandeman. Su condición de nacionales británicos permite a algunos bodegueros jerezanos presionar al gobierno Británico para que baje los derechos de accisas, lo que consiguen en 1825 (una rebaja de dos duros por bota), y las ventas del Jerez se multiplican por cuatro entre 1825 y 1840.

La inversión en el Marco es muy rentable, y atrae capitales españoles, sobre todo los “capitales de regreso” tras el proceso de emancipación de las colonias americanas. Llegan en aquella época los González (1835), Los Misa (1844), y un verdadero batallón de vascos: Goytia, Apecechea, Aizpitarte, Otaolaurruchi